TÉCNICA Y REPRESENTACIÓN
A vista de pájaro, nuestra cultura muestra ahora dos polos que reorientan todo su territorio, atrayendo y reorganizando formaciones más antiguas o más débiles. Estos dos polos son técnica y espectáculo.
A la primera impresión, parecen extremadamente heterogéneos: hay técnica y hay espectáculo, cada uno con su génesis, su campo de acción, su tiempo en la vida de la sociedad. Sin embargo una constatación muy simple, aúna inmediatamente las meditaciones sobre ambas cuestiones: la yuxtaposición del tiempo del trabajo y del tiempo de la diversión, suma la casi totalidad del tiempo que permanecemos despiertos, o al menos en duermevela. Así que preguntarnos por las dos cosas a la vez, es hacernos una pregunta a partir del aspecto general de nuestras vidas. La pregunta, enraizada en un cuerpo que es al mismo tiempo objeto del saber técnico y del entretenimiento espectacular, es: ¿Cuál es la relación entre nuestra adscripción al orden técnico y nuestra generalizada solicitación sensual a través de los espectáculos?
En 1995, cuando toda imaginación de una vida otra es recibida con la sonrisa escéptica del lobotomizado, intentar contestar a esta pregunta tiene evidentemente un valor ético y político, además de algunas implicaciones estéticas. A lo mejor podremos enterarnos de porqué nuestro horizonte tiene que ser a la fuerza tan apaciblemente triste.
Un primer intento de respuesta exige atar cabos muy dispersos, y la urgencia obliga quizá a una cierta rudeza. De ahí el carácter abrupto y sin duda incompleto de las reflexiones que siguen.
REPRESENTACIÓN
De la representación podríamos decir que es esa constante del comportamiento humano que permite asociar algo con algo y tratar de lo segundo a través de lo primero.
Las actividades representativas son uno de los elementos fundamentales que definen al hombre como tal. No existe sociedad humana sin una gama amplia y variada de actividades representativas: una trama de gestos estilizados, de palabras, de imágenes grabadas, de sonidos repetidos, que cubre, interpreta, esquematiza y enriquece la experiencia de la vida.
Ya de antiguo hubo la duda de si no compartíamos, al menos en parte, esas actividades con los otros animales. Aristóteles nos asignó, muy sabiamente, un superlativo que nos emparentaba y nos distinguía: el hombre es el más "mimético" de los animales. Evidentemente hay una cierta continuidad entre las actividades representativas de los animales (que los etólogos llaman a menudo "ritos") y las humanas. Hombres y animales conocen actos que vuelven con fines diferentes a los fines para que se ejecutaron primeramente: los gestos del ataque transformados en danza nupcial. Intensidad, redundancia y estilización, además, son características formales comunes a los comportamientos representativos humanos y animales. Sin embargo, hay algo que es especificadamente humano, y es que las actividades representativas se dan, para los hombres, en el contexto de la conciencia.
El hombre instaura una distancia con el medio, con los cuerpos de otros hombres, con su propio cuerpo: reflexiona, distingue. Reflexionar es mirarse al espejo, es lanzar el pensamiento hacia algo que, a una cierta distancia, permite la creación de una imagen de nosotros mismos que nos vuelve como experiencia de lo otro.
La representación es el instrumento de este proceso. La canalización de los actos hacia otros fines que aquellos para los que nacieron, permite un primer desdoblamiento, y genera la posibilidad de una primera percepción de sí mismo como otro: nuestras acciones se presentan, y se vuelven a presentar (se representan) con otro fin.
Pero la distancia instaurada con la representación es también una herida. La imagen que vuelve en el último movimiento de la reflexión es la imagen de nuestra finitud. Al separarnos del medio, de los otros cuerpos, de nuestro cuerpo, conseguimos una clara determinación de nuestro perfil espacial y temporal. Sin embargo, la misma luz que revela a la conciencia sus contornos, le revela también la imposibilidad de permanecer y la inminencia de la noche. Así, a la calma violenta del los animales que viven como "agua en el agua" (Bataille), sucede la inquietud melancólica del hombre que se sabe destinado a morir.
Mas en la dolorosa contradicción de esta experiencia, aflora un nuevo sentido para la representación.
Entre los dos términos que definen la actividad representativa - lo representado y la representación -, el acento se desplaza hacia el segundo. Ahora es la representación que atrae hacia sí lo representado, y le ofrece un corto descanso de olvido, en el simulacro. La experiencia de sí mismo como otro se tiñe así de una negatividad radical: la posibilidad de desaparecer. En la identificación de lo que se representa con la cosa representada, se crea un punto de fuga hacia una desaparición limitada, que puede suspender la tristeza de la conciencia de sí. El hombre recobra entonces una intensidad liberada del temor al futuro mortal. Las representaciones tienen, todas ellas, la potencialidad delconsuelo. La actividad representativa se muestra de este modo doblemente contradictoria: por un lado, revela la conciencia a sí misma, y a la vez le anuncia la imposibilidad de permanecer; por otro, abre el espacio que permite la reflexión, y a la vez indica el punto de fuga donde desaparece toda reflexión. La actividad representativa es, contemporáneamente, el instrumento que devuelve a la conciencia su propia imagen desde el límite de su dominio, y el espía de su fragilidad. Espejo enemigo, permite una reflexión que quisiera abolirle, para poderse asentar (los filósofos no se equivocan: la conciencia necesita distancia, y nada le es más hostil que los abismos de identificación que abren las representaciones).
Conciencia y representación mantienen así un frágil y tenso equilibrio. Sin el instrumento catóptrico de la representación no habría reflexión. Pero la conciencia quisiera prescindir del trámite de las representaciones que continuamente la invitan a desaparecer en la tranquilidad de la fusión con el medio.
Conciencia y representación se pertenecen mutuamente de manera secreta e inextricable.
RITOS
En las sociedades humanas, una parte de la funcionalidad de las representaciones es la misma que en las sociedades animales en general: conductas estilizadas permiten manejar el medio, reducir su complejidad y relacionarse evitando choques. Pero en la esfera de lo que es especificadamente humano, las representaciones se inscriben en la organización de las comunidades según dos contextos generales: ritual y técnico.
En el contexto ritual la tensión entre conciencia y representación orienta todo el tejido social. La representación es aquí el medio principal de orden e identificación de la comunidad. Su núcleo contradictorio, en que se enmarañan reflexión y desaparición, es tomado como paradigma de un orden cósmico. Así se establece una tupida red de representaciones que permite a los hombres generalizar la conciencia de sí al grupo (que se identifica entonces por sus ritos), y generalizar, a la vez, el consuelo que ofrece la desaparición limitada de lo representado en la representación.
Las ceremonias rituales son los nudos de estos sistemas de representaciones que ordenan e identifican a la comunidad. En las ceremonias rituales aparece otra comunidad (la de las bacantes) que devuelve una imagen del origen, del recuerdo, del orden o de las rupturas, y, al mismo tiempo, consuela en una desaparición colectiva y limitada. Desaparición orgiástica o violenta que está en el centro de la ceremonia y es expresivamente potenciada con todo tipo de intensificaciones, redundancias y estilizaciones corporales, visuales, gestuales y verbales.
Esta otra comunidad (la comunidad en el rito) está integrada por individuos que verifican para sí y ante los ojos de todos la articulación de la regla social positiva con la noche que la habita. Tanto la verificación intima como el acontencer en público son condiciones necesarias de la eficacia ritual: la verificación íntima, porque la representación es una pragmática, un sistema de acciones del que resulta reflexión y consuelo; la presencia de la comunidad que mira, porque la representación ritual es una estrategia de constitución e identificación del grupo: no puede haber excepciones o la comunidad no se constituiría.
La tensión entre conciencia y representación no se resuelve en las ceremonias rituales, sino que sólo encuentra un momentáneo relajo, un ajuste frágil y efímero. De ahí que la ceremonia ritual tenga que repetirse regularmente, para templar una y otra vez el canto indistinto y secreto, que persiste bajo la costra del tiempo finito de la conciencia y de la rutina social.
En el contexto ritual, la representación es la manera de constituir una conciencia de grupo, al igual que para el individuo la representación es la manera fundamental de la conciencia de sí.
LA CRISIS RITUAL: TÉCNICA Y REPRESENTACIÓN
Probablemente hay un momento en que la verificación íntima y pública ya no es posible. La comunidad no puede estar presente toda a la vez y sancionar el acontecer del rito. Quizá demasiados individuos integran el grupo, o bien las reglas sociales se tornan demasiado complejas. La sociedad tiene entonces que encontrar otras estrategias para fundarse.
El trabajo ofrece un modelo alternativo y posible de organización: los hombres se vuelven granos de trigo, rebaños de ovejas, engranajes de una máquina inmensa.
En el tiempo del trabajo las acciones se proyectan hacia el futuro: sembrar, recoger y almacenar. De un modo parecido, la regla social no se articula ya en un origen presente y secreto al que llamar y circunscribir a la vez, sino en un futuro, no acontecido pero plausible, en que la abundancia material es capaz de derrotar la congoja del hombre por la supervivencia diaria. Todo - hombres, actos y cosas - es entendido entonces como un medio orientado a ese fin futuro. Un fin que pertenece por completo a la claridad y a la finitud de la conciencia, aunque supere el arco de la vida de un individuo.
El contexto técnico se define por esta generalización del modelo de organización del trabajo a todos los aspectos de la vida social y de la intimidad.
En el contexto técnico, el saber se constituye por completo en la claridad de la disposición de unos medios para un fin. Se plantea así una disyuntiva entre la técnica y las actividades representativas. La representación es la asociación de algo con algo otro para poder tratar de lo primero a través de lo segundo; la técnica es la utilización de algo para un fin, que es abstracto por no acontecido. La técnica puede disponer todo según el criterio de la sumisión de los medios a los fines, sin necesidad de establecer relaciones de representación.
En el contexto técnico las necesidades biológicas que los cuerpos expresan, pueden ser vistas como fines: comer, tener cobijo, estar sanos, etc. De un modo más general, el futuro de abundancia, o por lo menos de supervivencia segura, que la técnica invoca como su horizonte último, es la manera técnica de entender la finalidad que expresa la vida de reproducirse a sí misma. La comunidad se ordena a partir de ese potente principio vital.
Sin embargo la articulación del contexto técnico a partir de la sumisión, común a todos los animales, al principio de la reproducción y de la continuidad de la vida, sucede a la luz de la conciencia. Así la técnica encuentra una contradicción que reproduce la contradicción de la filosofía y de todo saber que se quiera exclusivamente positivo, puesto que la conciencia está articulada por la representación en una inacabable oscilación entre reflexión y desaparición. Al igual que la filosofía, el saber técnico se quiere a sí mismo completamente dado en el mundo sin sombras de la conciencia reflexiva y positiva. Sin embargo la posibilidad de la conciencia pertenece al mundo contradictorio de la representación, por lo que ni la filosofía ni la técnica pueden cumplir su plan sin abolirse a sí mismas. Si la técnica cumpliera su propósito de disponer todo para un fin y acabar con la oscuridad de la representación, se acabaría también la posibilidad de la técnica de pensarse y progresar. La evolución técnica volvería a ser una cuestión genética. No obstante, el mundo técnico intenta minimizar la contradictoria naturaleza de la representación, que el mundo ritual, en cambio, magnifica.
ESPECTÁCULO
En el contexto técnico, fundado en el futuro de una finalidad positiva, las representaciones son vistas como restos de culturas antiguas (rituales) destinadas a desaparecer un día a la luz de la reflexión. Todo el no ser que hierve bajo la cotidianeidad de una sociedad ritual, cuyo canto continuo invita a la desaparición, es traído a la superficie y nombrado como abundancia e inmortalidad positiva. La sociedad técnica intenta desritualizarse por completo, prescindiendo de las representaciones, y evitando articular contenido alguno en la presencia oscura y continua del origen.
Obrando así somete sus miembros a una segunda separación. Si la primera, instaurada por la conciencia-representación, separaba el hombre como individuo del medio, la segunda separa el individuo de su propia intimidad. El momento en que el hombre verificaba para sí, en su secreto y a la vez ante los ojos de toda la comunidad, la justedad del orden cósmico y social, es abolido, e incluso considerado pernicioso. Los hombres ahora tienen que estar simplemente dispuestos a reconocer la pertinencia de unas prescripciones sociales, ajustadas a un fin declarado de bienestar. Sin embargo, la comunidad organizada a partir de estos principios encuentra una nueva e importante dificultad: los hombres, ahora doblemente separados, necesitan todavía más la consolación de la desaparición en la fusión con el medio, a despecho de que la condición del saber técnico sea de articularse completamente en el espacio positivo de la conciencia reflexiva.
Así las sociedades técnicas - antiguas y modernas - niegan cualquier valor a la representación y sin embargo le hacen un sitio mucho mayor que las sociedades rituales.
Puesto que, en el contexto técnico, es negada toda verdad a las actividades representativas, no existe ninguna posibilidad de articular un saber específico en el momento de la desaparición: el consuelo se vuelve distracción, diversión (notemos que ambas palabras contienen un elemento innombrable: aquello de lo que tenemos que estar distraídos, que no tenemos que mirar). La exclusión de la desaparición del campo de la verdad, obliga a una estrategia de multiplicación de las diversiones, ya que el efecto de estas no dura ni siquiera el corto período que duraba la eficacia ritual. La diversión se acaba en sí misma, actúa mientras acontece y no se prolonga. Se perfila así la estrategia de la distracción continua, el hilo musical y la tele encendida todo el día: la conexión inacabable.
La forma típica de las representaciones en una sociedad técnica es el espectáculo: un sistema de representaciones funcionalmente definido por cumplir con la necesidad de la consolación sin articular por ello ningún saber. Este paradigma disimula en parte su profunda heterogeneidad. Los espectáculos tienen como fin la distracción, y toman así una apariencia técnica y útil. Pero la desaparición, implícita en el termino innominado de la palabra distracción, sólo puede pertenecer al horizonte positivo de la técnica, como una herida pertenece al cuerpo que la lleva. Es característico del espectáculo dividir la comunidad en actores y público. Los actores invocan la desaparición ante los ojos del público, que en principio ha de conformarse con mirar (como indica etimológicamente la palabra espectáculo), e identificarse pasivamente con los actores. Además esta identificación inducida ha de estar alimentada continuamente: la eficacia espectacular es más breve que la eficacia ritual. Así las sociedades técnicas multiplican los lugares y las máquinas de espectáculo. Diseminan todas los horas del día y todos los sitios de imágenes y sucesos vagamente mortales o eróticos. El predominio del sexo y la muerte (temas centrales de toda desaparición) en las formas del espectáculo indica el lugar de la continuidad que, a través de las representaciones, se establece entre el contexto técnico y el contexto ritual.
LOS OTROS MODOS DE REPRESENTACIÓN EN EL CONTEXTO TÉCNICO
La organización técnica de la comunidad intenta limitar la función de las actividades representativas a la consolación del entretenimiento. Pero esta limitación abre el camino a la posibilidad de que aparezcan actividades representativas específicas del contexto técnico. La comunidad, como la técnica misma, no puede prescindir de la reflexión y la comunicación.
Las actividades representativas propias del contexto técnico presentan, como todas las actividades de ese contexto, un característico aspecto de finalidad y utilidad.
El gráfico, la representación numérica, y, en general, los lenguajes matemáticos crean un espacio representativo mínimo, en que parece que la representación, poco redundante y extremadamente unívoca, se agota en la finalidad instrumental y descriptiva. Ese mínimo espacio representativo ha sido ensanchado por la ciencia moderna (que aquí consideramos, polémicamente , como hija de la técnica) hasta crear espacios imaginarios, donde las representaciones del contexto técnico revelan su esencia contradictoria y mitopoiética, reencontrando esas preguntas por el origen oscuro - el big-bang, el rayo que fecunda el mar primitivo de aminoácidos, el tiempo que gira sobre sí mismo -, que caracteriza el pensamiento mítico de las sociedades rituales.
Aunque las actividades representativas específicas del contexto técnico son eficaces instrumentos de organización y de cohesión de la comunidad (entendida ahora estadísticamente como masa de hombres), el tiempo de la vida individual no encuentra en ellas su expresión. La esencial proyección del saber técnico hacia el tiempo futuro anula el extenso presente de la experiencia individual. Y abandonar el tiempo individual es abandonar el tiempo en que el saber se articula en los cuerpos y se cumplen los actos. Así, en el contexto técnico hay el riesgo de que no se pueda formular ninguna ética personal, y que se exija simplemente la sumisión del individuo al proyecto general. Del temor a este hecho dan fe muchas fantasías futuristas, que a veces imaginan en el porvenir una coacción sin límites de los individuos en aras de un bien abstracto, lejano e incomprensible, y otras veces se figuran que una crueldad monstruosa sucede al colapso de la organización técnica.
Los medios de comunicación de masas son los instrumentos que intentan la conexión entre el tiempo técnico y el tiempo individual. Por los medios de comunicación de masas, la vida individual queda inscrita en el contexto técnico segun los criterios de utilidad y objetividad. Grabando, evidenciando, ordenando y otorgando sentido a los accidentes de los hombres concretos, prensa, radio y televisión constituyen una continua e inmensa exégesis del acontecer cotidiano. Se muestra de este modo el carácter inevitable y necesario de lo que sucede a los individuos, y se prescriben consecuentemente las conductas personales, todo ello en la perspectiva general del contexto técnico.
Pero siendo los medios de comunicación formas de representación, no pueden escapar a su vez a la antinomia que atraviesa toda la relación entre técnica y representación.
Así, si realizan plenamente una finalidad instrumental, y neutralizan entonces toda intención -por ejemplo con la automatización-, dando además una forma neutra también a su contenido, tienden a no conseguir otorgar ni siquiera un sentido mínimo al desorden con que la vida se presenta. Se quedan de alguna manera antes de la significación, y reencuentran de este modo su naturaleza técnica. Es lo que tiende a suceder en ciertos Telediarios.
Si, en cambio, adoptando una forma y un estilo más subjetivo, intentan una articulación afectiva del contenido, inmediatamente caen en la insignificancia del espectáculo y de la diversión. Es lo que sucede, por ejemplo, en ciertos documentales.
Antes estos problemas no es de extrañar que algunas actividades de representación más antiguas, como por ejemplo la teatral o la pictórica, aún sin ser homogéneas en el contexto técnico, sobrevivan y encuentren un cierto eco en la sociedad. En ellas se ofrece un paradigma diferente, que articula el momento de la representación con un saber que escapa a la tensión de la objetividad sin caer en la nulidad de la diversión.
Estas supervivencias acaso puedan indicar el camino a seguir para actuar como hombres conscientes en el mundo técnico. No tanto para recuperarlas, ya que pertenecen irremediablemente a contextos pretéritos, sino para aprender a crear una articulación entre la conciencia-representación y la técnica, que pueda generar sabiduría y libertad.
Publicado en: Media culture, Asociación Cultural L'Angelot, Barcelona, 1995.